_La propuesta escenográfica es lo que complementa la sensación de hiperrealidad en la obra. Para empezar se divide al público en dos grupos que estando en el mismo espacio observan escenografías diferentes inspiradas en “sets” de televisión. Cada grupo presta atención a lo que pasa en el set, al que no tiene un accedo directo, mediante cámaras de vídeo y monitores de plasma. Así el espectador se ve obligado a mirar, fragmentar y encuadrar la realidad.
El despliegue técnico es notable, se utilizan tres cámaras de video, proyecciones multimedia, fondos falsos que funcionan como escenografías, efectos de sonido envolventes, además de realizar una edición en vivo por medio del Swicher, (aparato electrónico que se conecta a las cámaras para hacer edición en vivo).
En otras palabras el espectador esta accediendo a dos realidades: una hiperreal, que se presenta por la narrativa del formato televisivo y la realidad teatral que se produce al presentar el hecho en vivo sumado a los cambios de escenografías que no se ven en la televisión.
El público al que quiere llegar el director es a la generación que nació con la televisión, hablarle con los códigos que ha aprendido de esta. Pavéz nos explica la relación con el ojo tele-mediado “como uno al acostumbrarse a la edición, no hace el esfuerzo de mirar la obra sino que ve lo que está predigerido para uno”.
La premisa básica de la obra es poner en evidencia que la ficción se hace real en la pantalla. La mente acepta lo que se le muestra “de hecho cuando uno ve televisión tiene el mismo nivel de interconexiones neuronales que cuando uno ve una pared o una pantalla en blanco, (…) por eso es hiper-realidad, porque el ojo del espectador se centra en la pantalla. Aunque uno tenga al actor en frente, ve la pantalla porque lo edita para uno, la mente no hace un trabajo” puntualiza el director de la obra |