_Es ya archiconocida la historia de la transición política de nuestro país, el terror a la diferencia y a no estar de acuerdo. El consenso era necesario (y bien visto) cuando un comentario ácido o cualquier divergencia ideológica podía tener como resultado un contingente especializado de militares en las calles, un par de muertos y terror generalizado. La situación actual ya no depende de tal dinámica.
__El acuerdo de Educación, firmado el pasado martes por la Concertación y la Alianza, en el cual confluyeron las voluntades de los presidentes de todos los partidos políticos, deja bastante que desear. __Su consecución se originó en las movilizaciones secundarias del año pasado: los pingüinos no querían más LOCE y lo dejaron bien claro. A partir de la conmoción y del golpe de gracia que le dieron al sistema educativo actual, nació el Consejo Asesor para la Educación, cuyas conclusiones fueron recogidas para alimentar el acuerdo en cuestión. Sin embargo, las decisiones tomadas y celebradas con abrazos en el Congreso distan mucho de corresponder a las necesidades planteadas por los pingüinos.
__El acuerdo establece algunas premisas básicas para superar la inequidad del sistema educativo de nuestro país, pero todas ellas filtradas por el prisma del mal entendido consenso y la cobardía. La legislación en torno al lucro, la prohibición de selección de parte de los colegios y la especialización de los docentes, que asegurará que llegue a buen puerto la tarea de instalar seis años de educación básica y seis de media, no son más que bonitas intenciones, pues no aseguran una dirección clara para el actual sistema educacional. No responden, ni de lejos, a la necesidad de cambiar la estructura de nuestro modelo segmentario.
__Cuando la Presidenta Bachelet dio a conocer en abril de este año el proyecto de Ley General de Educación, su postura fue clara: no al lucro, no a la obtención de ganancias para los sostenedores a partir de la educación que entregan los colegios particulares subvencionados. Claro, tal vez en ese momento la mandataria no ponderó que requería de 4/7 de votación para legislar sobre la materia y en los últimos meses no le quedó otra que agachar el moño a los planteamientos de la Alianza y conformarse con un acuerdo que permite el emprendimiento privado. El lucro, a fin de cuentas, con un nombre más progre.
__La selección seguirá siendo el criterio que orientará el ingreso de nuevos estudiantes a diferentes colegios. Que ésta se realice sólo desde sexto básico y no de acuerdo a rendimiento o ingresos económicos, no asegura mayor equidad, pues la segregación será posible de igual manera, sólo que de acuerdo a religión, valores, y cualquier aspecto relacionado al plan educativo de las instituciones. Sabemos que en nuestro país esta discriminación responde a las mismas lógicas de la segmentación por ingreso.
_Los alumnos de las mejores familias seguirán integrando los mejores colegios. ¿Algún planteamiento concreto frente al financiamiento de la educación o la municipalización, los verdaderos constructores de la inequidad? Ninguno. El acuerdo sólo responde a aquellos factores sobre los que Concertación y Alianza pudieron llegar a “consenso”.
__Cualquier medida que trate de eliminar o suavizar las injusticias de nuestro sistema educativo siempre será bien recibida, pero falta un golpe de timón. En la medida en que se siga apelando a la doctrina del consenso, el Pacto Social impulsado por el Gobierno sólo llegará a promesas vacías, a soluciones parche. Legislar en torno a aquellas cosas que todos estamos de acuerdo, en torno al sentido común, no representa ningún avance. Esperamos más, necesitamos más
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